Siéntate a esta mesa


Por Dennis Recio, S.J.

Una vez escuché una reflexión sobre las tres mesas en las que participan los jesuitas. La mesa del desayuno es donde se reúnen a discutir las noticias, leer el periódico o charlar informalmente. Ahí es donde se comentan los eventos del día y se empiezan conversaciones mientras se toma café o cereales. Desde ahí se encuentra compañía para otros entretenimientos. Aunque en esta primera mesa hay elementos sociales, también se lee el periódico para entender los acontecimientos del día que, a su vez, informan nuestro enfoque de la misión.

En la segunda mesa, la de la cena, los jesuitas se reúnen para compartir comidas y vida en un ambiente algo más formal. En el tiempo de formación, los superiores advierten a los jesuitas que no se entretengan “junto a las ensaladas” para hacer tiempo y encontrar a la compañía que más les gusta para comer. Al aceptar la llamada a la vida religiosa que nos hace Jesucristo, también vivimos esa llamada cenando con nuestros hermanos jesuitas en espíritu de relación de caridad. Quizás no seamos amigos de todos nuestros hermanos, pero esperamos tratarnos unos a otros con un respeto elegante que refleja los votos que vivimos libremente: pobreza, castidad y obediencia. La pobreza nos permite compartir la comida, trabajar por el costo de la comida y convivir en libertad. La obediencia nos hace libres para vivir como dicta la comunidad, nunca evadiendo la responsabilidad que tenemos de estar presentes unos a los otros. La castidad nos hace libres para no buscar relaciones exclusivas, sino permitir que Dios bendiga la mesa a través del espíritu generoso de nuestros hermanos.

Por último, los jesuitas se reúnen en torno a la mesa eucarística, la tercera mesa donde encontramos revitalización, dirección y razones para la celebración. Nos unimos en Jesucristo. A través de nuestra oración compartida y con la energía de la Eucaristía, reunimos la fuerza para construir el reino de Dios como Cristo nos llama a hacerlo. Es donde podemos escucharnos unos a otros en las homilías, lecturas, y oración vocal, pero también donde en primer y principal lugar escuchamos a nuestro amoroso pastor, Jesucristo. Sin Él, las otras mesas pierden significado.

Como jesuitas en el siglo XXI, nuestras tres mesas ofrecen algo en común que desafía a una cultura peligrosamente preocupada por la tecnología y una infinidad de inventos. En estas tres mesas, los jesuitas deben estar presentes unos a otros, cara a cara, según pida la situación. En la mesa del desayuno, la mesa de la cena y la mesa eucarística, no podemos estar en skype o haciendo mensajes de texto con nuestras respuestas. Se espera que estemos presentes a la comunidad a la que nos hemos unido libremente.

Ser jesuita en la era presente es aceptar relaciones humanas que nos exigirán sacrificio y cambio. Ser jesuita en el día de hoy es aceptar una relación más rica con Jesucristo. A cambio, cada uno de nosotros encuentra su ser real como pecador llamado a servir, invitado a pasar toda la vida profundizando en su relación con Cristo. Cuando estamos juntos ante el altar, estamos unidos como hermanos. Oramos por los estudiantes a quienes enseñamos, los feligreses a quienes servimos, los desamparados que buscan refugio, los enfermos que sufren la agonía, los difuntos a quienes hemos enterrado.

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